La infidelidad es parte de nuestra sociedad, siempre ha estado entre nosotros y siempre estará; agazapada en los temores de algunos y en los deseos de otros... esperando el momento para salir a la luz. El principal elemento de una infidelidad es la mentira, y por eso Internet -con sus accesos remotos y la reserva del anonimato- se ha convertido en una excelente aliada. Sin embargo, este terreno recóndito también está de lado de los injuriados. Es que la moralidad de la Web busca equilibrarse entre el engaño y el desenmascaramiento, pudiendo tan sólo replicar la ambigüedad de la vida en carne y hueso, y quizás, empeorarla.
No es que nosotros estemos a favor de la infidelidad, es sólo que la obsesión nunca es buena. Cuando tu vida se vuelve un universo de dudas y tretas con kits de ADN, control de actividad del ordenador o del teléfono, ya deja de ser una vida y la relación deja de ser algo sano.
La gran mayoría ha sido engañada alguna vez, o ha engañado a alguien, y la gravedad del asunto se establece entre las parejas para cada caso. Para algunos, un flirteo ya es una infidelidad aunque no lleve a nada, y para otros, un beso en la boca, que no ha pasado a mayores, es perdonable. El límite que divide la fidelidad del engaño depende de cada uno y de lo que se acuerda como pareja, por lo que la comunicación es el primer paso para poder definir el compromiso y la confianza.

La confianza es la parte primordial a la hora de relacionarse con otra persona, y desde el principio de los tiempos ha sido el mayor
desafío a la hora de estar en pareja. No es bueno hacer ojos ciegos a todo lo que ocurre alrededor de tu media naranja, pero tampoco ayuda en nada obsesionarte con cada detalle que sale de la rutina. O te arriesgas o te alejas, pero el punto medio sólo te llevará al insomnio y la desesperación.
Internet exagera las situaciones de la vida real, por ser tan accesible, por no estar regulado, y por mantenerse en ese híbrido entre lo real y lo imaginario. El adulterio siempre ha existido, pero Internet lo ha vuelto una bola de nieve tanto para quienes son infieles como para quienes sufren el engaño. Es más fácil engañar a través de la red, y la desesperación de quien se cree engañado sólo puede escalar a la locura .

